Junto al bosque

Historias pequeñas y grandes

Creaciones 4 junio 2009

Filed under: Mitologia — juntoalbosque @ 10:35
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El primer dia, Yahvé creo el cielo y la tierra. Antes solo había soledad y un abismo lleno de tinieblas. Pero Yahve dijo “haya luz” y hubo luz. Separó la luz de las tinieblas y creó asi el dia y la noche.
El segundo dia Yahve hizo el firmamento y con el separó las aguas que habia debajo de las del cielo.
El tercero separó la tierra de los mares y creó hierbas, plantas y arboles frutales.
El cuarto dia creó los cuerpos celestes, como las estrellas , el sol, la luna… y a partir de ellos establecio los dias, las estaciones, los años…
El quinto dia llenó la tierrra de especies animales aéreas y acuáticas. Y les dijo que crecieran y se multiplicasen.
El sexto dia hizo las especies terrestres y creó al hombre. Dijo “Hagamos al hombre a nuestra imagen, segun nuestra propia semejanza. Domine sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre las fieras campestres y sobre los reptiles de la tierra”. Y Yahve formó al hombre del polvo de la tierra, insuflándole en sus narices un hálito de vida. Luego dijo “No es bueno que el hombre esté solo” y, mientras dormía, le arrancó una costilla y de esa costilla formó a la mujer.

En el principio no había nada mas que oscuridad y agua, y sobre ellas reinaba Mbombo, el gran espíritu blanco. Un dia, sintió un terrible dolor de estómago y vomitó el sol, la luna y las estrellas. Con esto hubo luz por todas partes, y los ardientes rayos del sol convirtieron el agua en vapor, que se elevó en forma de nubes. Poco a poco, al ir bajando el nivel de las aguas, aparecieron colinas secas.
Mbombo volvió a vomitar, y esta vez salieronde su boca árboles y animales, personas y otras muchas cosas: la primera mujer, el leopardo, al águila, las estrellas fugaces,el yunque, el mono Fumu, el primer hombre, el firmamento, la cuchilla, la medicina y el rayo. de todos ellos, el único que ocasionaba problemas era el rayo. tenía tan mal carácter y ocasionaba tantos trastornos, que Mbombo acabó desterrándolo al cielo, donde vive actualmente. La humanidad se quedó entonces sin fuego, que hasta ese momento le había proporcionado el rayo, así Mombo les enseñó como extraer el fuego de los árboles. “Hay fuego en todo el árbol”, les dijo, y les enseñó como hacer un instrumento de madera para obtenerlo. Sin embargo, el rayo todavía sigue causando problemas de cuando en cuando, al saltar sobre la tierra para golpearla.

Tomado de: “Reyes, dioses y espíritus” de Jan Knappert.

El Universo era un huevo, que contenía a Te Mumu y Te Papa. Finalmente estalló y produjo tres capas superpuestas, la de abajo sostenía a las dos de arriba. En la capa mas baja permanecieron Te Mumu y Te Papa, quienes crearon a los hombres, a los animales y a las plantas.
El primer hombre fue Matata, producido sin brazos y quien murió poco después de llegar al mundo. El segundo fue Aitu, que vino con un brazo pero sin piernas; y también murió como su hermano mayor. Finalmente, el tercer hombre fue Hoatea (Espacio del Cielo) y estaba perfectamente formado. Después de él vino una mujer llamada Hoatu (Fructuosidad de la tierra). Se convirtió en la mujer de Hoatea y de ellos descendió la raza humana.
Cuando la mas baja capa de la Tierra se llenó de creación, el pueblo hizo una abertura, en medio de la capa superior, para poder subir a ella y allí se establecieron llevando con ellos las plantas y los animales de abajo. Luego levantaron la tercera capa (para que formara un techo a la segunda)…y por ultimo allí se establecieron , de modo que los seres humanos pudieron disponer de tres superficies.
Por encima de la Tierra estaban los cielos, también superpuestos, llegando hasta abajo y sostenidos por sus respectivos horizontes, algunos de ellos confundidos con los de la Tierra; y la gente siguió trabajando expandiendo de esta manera un cielo por encima del otro, hasta que todos estuvieron en orden.

Tomado de: “El héroe de las mil caras”, de J. Campbell.

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La hija del molinero 2 junio 2009

Filed under: Cuentos y leyendas — juntoalbosque @ 10:32
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Cuando Aisha nació, murió su madre y su padre, un molinero, no podía cuidarla bien, por lo que temió que pronto muriera.
Sin embargo, Aisha crecía sana y fuerte, bien alimentada y aseada, y además sabía mas que cualquier otra niña de su edad. El pobre molinero no sabía cual era la causa de tal maravilla y tampoco podia dedicar tiempo a averiguarlo.
En realidad, los que cuidaban a Aisha eran unos espíritus llamados yinn.
El reino estaba gobernado por un sultán bastante caprichoso que un dia decidió probar la inteligencia de sus súdbitos y los fue llamando uno por uno para plantearles un acertijo. Al que no sabía resolverlo, le cortaba la cabeza.
Llegó el turno del molinero, que acudió asustado al palacio viendo ya rodar su cabeza por el suelo de marmol del fastuoso palacio.
– ¿Asi que eres molinero?. Pues bien, dime que dice la rueda de ese molino que gira al fondo del jardín.
El molinero regreso a casa abatido, pues el acertijo que le había puesto el sultán era imposible e resolver. Pero cuando se lo contó a su hija, que ya era una mujer, esta le dijo.
– No te preocupes: tu haz como que escuchas a la rueda y despues dile al sultan estos versos.


Yo fui un arbol de membrillo
con flores de dulce fragancia
pero un dia ofendi al sultan
y fui víctima de su venganza.

El molinero hizo lo que le habia dicho su hija y el sultán asintió sonriendo. Efectivamente, la rueda habia sido un arbol de membrillo hasta que un dia él se golpeó con una de sus ramas y, enrabietado, lo hizo cortar.
– Has tenido suerte, molinero, asi que voy a ponerte otro acertijo para probarte. Quiero que mañana me traigas un jardín en el lomo de un camello.
– Eso es facil -le dijo su hija cuando el le contó el problema.
Y le preparó una caja con flores que el molinero llevó al sultan al dia siguiente en el lomo de un camello.
– Era demasiado facil -gruñó el sultan- A ver esta: preséntate mañana cabalgando y andando, riendo y llorando, todo al mismo tiempo.
Al dia siguiente, toda la corte asistió estupefacta a la llegada del molinero. Venía cabalgando en un burro tan pequeño que sus pies llegaban al suelo. No podia dejar de reir por lo ridiculo de su aspecto pero al mismo tiempo lloraba porque iba cortando cebollas. El sultán quedó tan complacido que le dio mil monedas de oro, pero el molinero no creia merecerlas.
– Todo es mérito de mi hija-confesó.
– Pues bien. Traeme a tu hija, que quiero conocerla.
Al dia siguiente, la hija del molinero, que había logrado resolver los acertijos con ayuda de los yinn, se presento junto a su padre y con sus mejores galas. El sultán se prendó de ella y pidió su mano.
Y con el tiempo y con ayuda de su nueva esposa llegó a ser el gobernador justo que su pueblo siempre habia deseado.

Encontrado en “Reyes,. Dioses y Espíritus de la mitología africana”, de Jan Knappert.

 

Dos listos muy listos 1 junio 2009

Filed under: Mitologia — juntoalbosque @ 08:52
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Heracles ya tenía casi todo el trabajo hecho. Despues de matar al león de Nemea y a la hidra de Lerna, capturar a la cierva de Cerinia y al jabalí de Erimanto, limpiar los establos de Augías en un día, matar a los pájaros del Estínfalo, capturar al toro de Creta, robar las yeguas de Diomedes, el cinturón de Hipólita y el ganado de Gerión, solo le quedaban dos pruebas: robar las manzanas de oro del jardín de las Hespérides y capturar a Cerbero, el perro guardian de los infiernos.

Con esto habría saldado por fin su deuda, marcada por el rey Euristeo, por matar a sus propios hijos en un arranque de furia.

Encontrar la situacion exacta del jardín no era cosa facil. Primero tuvo que atrapar y encadenar a Nereo, dios de las olas del mar, para obligarle a prestarle su ayuda. Nereo le remitió a Prometeo, que tenía mas datos.

Prometeo llevaba 30 años encadenado a una roca mientras un águila le devoraba el hígado, que inmediatamente volvía a crecer. Encantado aceptó a echar una mano a Héracles, a cambio de ser liberado. Heracles disparó con su arco al águila y luego soltó las cadenas de Prometeo.

-Las Hespérides son las nueve ninfas que cuidan el jardín que buscas -le contó- A veces se las llama Doncellas de Occidente, Hijas del Atardecer o Diosas del Ocaso porque se las sitúa en el lejano oeste, en unas islas situadas en el extremo del mundo también llamadas Islas Afortunadas. Ten cuidado con ellas, pues sus voces son hechizantes y pueden cambiar de forma para enloquecer a quienes las ven. Puedes pedir ayuda a mi hermano Atlas, que también sufre un duro castigo por participar junto a los Titanes en la guerra contra los Olímpicos.

También le contó la historia de los manzanos que daban frutos de oro, que eran un regalo de bodas de Hera a Zeus. Una de esas manzanas fue utilizada por Discordia para enfrentar a los dioses.

Heracles siguió su camino y cuando ya estaba a punto de llegar al punto donde estaba el jardín se topó con Atlas.

Como bien le había explicado Heracles, Atlas sufría un duro castigo: tenia que soportar el peso de la boveda celeste por toda la eternidad.  Y allí estaba, sudando y gimiendo cuando apareció Heracles y le preguntó por donde se llegaba al jardín de las Hespérides.

– El jardín…uf!, el jardín… si, es por ahí -señaló con un movimiento de barbilla- pero es peligroso si no conoces el lugar. El dragón Lidón guarda las manzanas de oro. Las Hespérides son encantadoras pero peligrosas. Las conozco muy bien: son mis hijas. Me han dicho que buscabas un par de esas manzanas, ¿verdad?. Estoy pensando que, si no te importa sujetarme esto un momentito, yo mismo voy y te las traigo.

Heracles valoró la propuesta y finalmente aceptó. El precio era sujetar un rato la pesada bóveda celeste, pero para él eso era pan comido.

Al cabo de unas horas, Atlas regresó llevando consigo un par de manzanas de oro.

– ¡Vaya!- observó- Te veo muy suelto. Yo creo que lo harías mucho mejor que yo. Me parece que te voy a regalar mi puesto.

– ¡Oh! Que estúpido soy.  -respondío Heralces apesadumbrado- Desde luego, ya me vale.   Anda, sujeta un momentito, que me pongo la capa de almohadilla para resistir mejor el peso.

El listo de Titán cayó como un tonto, dejó las manzanas en el suelo  y cogió la bóveda celeste. Y Heracles salió corriendo con las manzanas en busca de su última prueba mientras Titán daba cuenta de todo su repertorio de juramentos griegos.