Junto al bosque

Historias pequeñas y grandes

La hija del molinero 2 junio 2009

Filed under: Cuentos y leyendas — juntoalbosque @ 10:32
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Cuando Aisha nació, murió su madre y su padre, un molinero, no podía cuidarla bien, por lo que temió que pronto muriera.
Sin embargo, Aisha crecía sana y fuerte, bien alimentada y aseada, y además sabía mas que cualquier otra niña de su edad. El pobre molinero no sabía cual era la causa de tal maravilla y tampoco podia dedicar tiempo a averiguarlo.
En realidad, los que cuidaban a Aisha eran unos espíritus llamados yinn.
El reino estaba gobernado por un sultán bastante caprichoso que un dia decidió probar la inteligencia de sus súdbitos y los fue llamando uno por uno para plantearles un acertijo. Al que no sabía resolverlo, le cortaba la cabeza.
Llegó el turno del molinero, que acudió asustado al palacio viendo ya rodar su cabeza por el suelo de marmol del fastuoso palacio.
– ¿Asi que eres molinero?. Pues bien, dime que dice la rueda de ese molino que gira al fondo del jardín.
El molinero regreso a casa abatido, pues el acertijo que le había puesto el sultán era imposible e resolver. Pero cuando se lo contó a su hija, que ya era una mujer, esta le dijo.
– No te preocupes: tu haz como que escuchas a la rueda y despues dile al sultan estos versos.


Yo fui un arbol de membrillo
con flores de dulce fragancia
pero un dia ofendi al sultan
y fui víctima de su venganza.

El molinero hizo lo que le habia dicho su hija y el sultán asintió sonriendo. Efectivamente, la rueda habia sido un arbol de membrillo hasta que un dia él se golpeó con una de sus ramas y, enrabietado, lo hizo cortar.
– Has tenido suerte, molinero, asi que voy a ponerte otro acertijo para probarte. Quiero que mañana me traigas un jardín en el lomo de un camello.
– Eso es facil -le dijo su hija cuando el le contó el problema.
Y le preparó una caja con flores que el molinero llevó al sultan al dia siguiente en el lomo de un camello.
– Era demasiado facil -gruñó el sultan- A ver esta: preséntate mañana cabalgando y andando, riendo y llorando, todo al mismo tiempo.
Al dia siguiente, toda la corte asistió estupefacta a la llegada del molinero. Venía cabalgando en un burro tan pequeño que sus pies llegaban al suelo. No podia dejar de reir por lo ridiculo de su aspecto pero al mismo tiempo lloraba porque iba cortando cebollas. El sultán quedó tan complacido que le dio mil monedas de oro, pero el molinero no creia merecerlas.
– Todo es mérito de mi hija-confesó.
– Pues bien. Traeme a tu hija, que quiero conocerla.
Al dia siguiente, la hija del molinero, que había logrado resolver los acertijos con ayuda de los yinn, se presento junto a su padre y con sus mejores galas. El sultán se prendó de ella y pidió su mano.
Y con el tiempo y con ayuda de su nueva esposa llegó a ser el gobernador justo que su pueblo siempre habia deseado.

Encontrado en “Reyes,. Dioses y Espíritus de la mitología africana”, de Jan Knappert.

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La Bella Durmiente 12 mayo 2009

Filed under: Cuentos y leyendas — juntoalbosque @ 17:20
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Hace muchos años vivían un rey y una reina quienes cada día decían: “¡Ah, si al menos tuviéramos un hijo!” Pero el hijo no llegaba. Sin embargo, una vez que la reina tomaba un baño, una rana saltó del agua a la tierra, y le dijo: “Tu deseo será realizado y antes de un año, tendrás una hija.”

Lo que dijo la rana se hizo realidad, y la reina tuvo una niña tan preciosa que el rey no podía ocultar su gran dicha, y ordenó una fiesta. Él no solamente invitó a sus familiares, amigos y conocidos, sino también a un grupo de hadas, para que ellas fueran amables y generosas con la niña. Eran trece estas hadas en su reino, pero solamente tenía doce platos de oro para servir en la cena, así que tuvo que prescindir de una de ellas.

La fiesta se llevó a cabo con el máximo esplendor, y cuando llegó a su fin, las hadas fueron obsequiando a la niña con los mejores y más portentosos regalos que pudieron: una le regaló la Virtud, otra la Belleza, la siguiente Riquezas, y así todas las demás, con todo lo que alguien pudiera desear en el mundo.

Cuando la décimoprimera de ellas había dado sus obsequios, entró de pronto la décimotercera. Ella quería vengarse por no haber sido invitada, y sin ningún aviso, y sin mirar a nadie, gritó con voz bien fuerte: “¡La hija del rey, cuando cumpla sus quince años, se punzará con un huso de hilar, y caerá muerta inmediatamente!” Y sin más decir, dio media vuelta y abandonó el salón.

Todos quedaron atónitos, pero la duodécima, que aún no había anunciado su obsequio, se puso al frente, y aunque no podía evitar la malvada sentencia, sí podía disminuirla, y dijo: “¡Ella no morirá, pero entrará en un profundo sueño por cien años!”

El rey trataba por todos los medios de evitar aquella desdicha para la joven. Dio órdenes para que toda máquina hilandera o huso en el reino fuera destruído. Mientras tanto, los regalos de las otras doce hadas, se cumplían plenamente en aquella joven. Así ella era hermosa, modesta, de buena naturaleza y sabia, y cuanta persona la conocía, la llegaba a querer profundamente.

Sucedió que en el mismo día en que cumplía sus quince años, el rey y la reina no se encontraban en casa, y la doncella estaba sola en palacio. Así que ella fue recorriendo todo sitio que pudo, miraba las habitaciones y los dormitorios como ella quiso, y al final llegó a una vieja torre. Ella subió por las angostas escaleras de caracol hasta llegar a una pequeña puerta. Una vieja llave estaba en la cerradura, y cuando la giró, la puerta súbitamente se abrió. En el cuarto estaba una anciana sentada frente a un huso, muy ocupada hilando su lino.

“Buen día, señora,” dijo la hija del rey, “¿Qué haces con eso?” – “Estoy hilando,” dijo la anciana, y movió su cabeza.

“¿Qué es esa cosa que da vueltas sonando tan lindo?” dijo la joven.

Y ella tomó el huso y quiso hilar también. Pero nada más había tocado el huso, cuando el mágico decreto se cumplió, y ellá se punzó el dedo con él.

En cuanto sintió el pinchazo, cayó sobre una cama que estaba allí, y entró en un profundo sueño. Y ese sueño se hizo extensivo para todo el territorio del palacio. El rey y la reina quienes estaban justo llegando a casa, y habían entrado al gran salón, quedaron dormidos, y toda la corte con ellos. Los caballos también se durmieron en el establo, los perros en el césped, las palomas en los aleros del techo, las moscas en las paredes, incluso el fuego del hogar que bien flameaba, quedó sin calor, la carne que se estaba asando paró de asarse, y el cocinero que en ese momento iba a jalarle el pelo al joven ayudante por haber olvidado algo, lo dejó y quedó dormido. El viento se detuvo, y en los árboles cercanos al castillo, ni una hoja se movía.

Pero alrededor del castillo comenzó a crecer una red de espinos, que cada año se hacían más y más grandes, tanto que lo rodearon y cubrieron totalmente, de modo que nada de él se veía, ni siquiera una bandera que estaba sobre el techo. Pero la historia de la bella durmiente “Preciosa Rosa”, que así la habían llamado, se corrió por toda la región, de modo que de tiempo en tiempo hijos de reyes llegaban y trataban de atravesar el muro de espinos queriendo alcanzar el castillo. Pero era imposible, pues los espinos se unían tan fuertemente como si tuvieran manos, y los jóvenes eran atrapados por ellos, y sin poderse liberar, obtenían una miserable muerte.

Y pasados cien años, otro príncipe llegó también al lugar, y oyó a un anciano hablando sobre la cortina de espinos, y que se decía que detrás de los espinos se escondía una bellísima princesa, llamada Preciosa Rosa, quien ha estado dormida por cien años, y que también el rey, la reina y toda la corte se durmieron por igual. Y además había oído de su abuelo, que muchos hijos de reyes habían venido y tratado de atravesar el muro de espinos, pero quedaban pegados en ellos y tenían una muerte sin piedad. Entonces el joven príncipe dijo:

-“No tengo miedo, iré y veré a la bella Preciosa Rosa.”-

El buen anciano trató de disuadirlo lo más que pudo, pero el joven no hizo caso a sus advertencias.

Pero en esa fecha los cien años ya se habían cumplido, y el día en que Preciosa Rosa debía despertar había llegado. Cuando el príncipe se acercó a donde estaba el muro de espinas, no había otra cosa más que bellísimas flores, que se apartaban unas de otras de común acuerdo, y dejaban pasar al príncipe sin herirlo, y luego se juntaban de nuevo detrás de él como formando una cerca.

En el establo del castillo él vio a los caballos y en los céspedes a los perros de caza con pintas yaciendo dormidos, en los aleros del techo estaban las palomas con sus cabezas bajo sus alas. Y cuando entró al palacio, las moscas estaban dormidas sobre las paredes, el cocinero en la cocina aún tenía extendida su mano para regañar al ayudante, y la criada estaba sentada con la gallina negra que tenía lista para desplumar.

Él siguio avanzando, y en el gran salón vió a toda la corte yaciendo dormida, y por el trono estaban el rey y la reina.

Entonces avanzó aún más, y todo estaba tan silencioso que un respiro podía oirse, y por fin llegó hasta la torre y abrió la puerta del pequeño cuarto donde Preciosa Rosa estaba dormida. Ahí yacía, tan hermosa que él no podía mirar para otro lado, entonces se detuvo y la besó. Pero tan pronto la besó, Preciosa Rosa abrió sus ojos y despertó, y lo miró muy dulcemente.

Entonces ambos bajaron juntos, y el rey y la reina despertaron, y toda la corte, y se miraban unos a otros con gran asombro. Y los caballos en el establo se levantaron y se sacudieron. Los perros cazadores saltaron y menearon sus colas, las palomas en los aleros del techo sacaron sus cabezas de debajo de las alas, miraron alrededor y volaron al cielo abierto. Las moscas de la pared revolotearon de nuevo. El fuego del hogar alzó sus llamas y cocinó la carne, y el cocinero le jaló los pelos al ayudante de tal manera que hasta gritó, y la criada desplumó la gallina dejándola lista para el cocido.

Días después se celebró la boda del príncipe y Preciosa Rosa con todo esplendor, y vivieron muy felices hasta el fin de sus vidas.

FIN

Tomado de http://www.grimmstories.com/es/grimm_cuentos/la_bella_durmiente_del_bosque

 

El cuento mas antiguo 5 mayo 2009

Filed under: Cuentos y leyendas — juntoalbosque @ 13:42
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En un lugar de Egipto vivian dos hermanos, Anup y Bata. Bata era el menor y vivía con su hermano y la esposa de este. Anup y Bata se querían mucho y tenían una relación estupenda pero el drama acechaba:  la esposa de Anup deseaba secretamente a su cuñado. Un dia que su marido se fue al mercado, la mujer se insinuó a Bata y este le respondió que para él, ella y su hermano eran como sus padres, que eso no podía ser.

La mujer temió que Bata le hablase a su hermano de lo que había pasado y, por si acaso, se adelantó diciendole a Anup que su hermano la había provocado. Anup entró en colera, cogió un cuchillo y salió en busca de su hermano para matarle.

Bata invocó a los dioses y los dioses hicieron surgir entre los dos hermanos un lago lleno de cocodrilos. De esta forma, cuando Anup se calmó, logró contarle la verdad, auqneu ya no pudo volver con su hermano. Se marchó a otro valle tras decirle a Anup que so corazón habitaría  en el fruto de una Acacia.

Anup, triste y compungido, volvió a su casa, mató a su mujer, la tiró a los perros y se sentó a lamentarse.

Bata se instaló en su valle pero se había quedado solo y los dioses se compadecieronde él enviándole una hermosa mujer, la mas hermosa que nunca había existido. Ambos fueron felices durante un tiempo hasta que un dia el Dios del mar, hizo llegar al faraón un mechón de su cabello. Los sabios del faraón  se dieron cuenta de que aquel mechón era de la hija de una divinidad y mandó a buscarla, pues consideró que esa mujer debía ser suya.

Una tropa de soldados llegó al valle donde habitaba Bata, pero Bata, queera un tipo fornido, acabó con todos menos uno,que logró regresar para informar al rey. Este envió presentes a la mujer que, fascinada por los rergalos, aceptó por fin marcharse con el faraón.

Pasó el tiempo y la mujer olvidó que un dia había amado a Bata. Una noche, el faraón le pregunto como podría matar a su marido y ella le confesó el secreto que él a su vez le había confiado: su corazón habitaba en el fruto de una acacia que estaba en el jardín de su casa. Si destruía la acacia, destruía a Bata.

Así fue como el faraón envio a sus soldados a destruir la acacia y Bata murió.

Pero Anup supo de todo esto. Vio las eñales que indicaban que a su hermano le había ocurrido una desgracia y partió hacia el valle donde vivía este. recogió el fruto de la acacia y l puso en un vaso con agua,lo que hizo que Bata resucitase. Bata le dijo a su hermano que se convertiría en un toro sagrado que podría vender al faraón. Y así, convertido en toro fue como llegó hasta la corte  y se presentó ante su mujer diciéndole quien era realmente. La mujer pidió al faraón que sacrificara al toro y aunque a este la petición le entristeció, hizo lo que la mujer le pedía.

Bata iba a morir una vez mas por culpa de su mujer, pero en el momento del sacrificio dos gotas de sangre cayeron ante la puerta del faraón y se convirtieron en dos perseas que crecieron en una sola noche. El faraón, maravillado, fue a verlas en compañía de la mujer y cuando estaban allí, sentados uno bajo cada arbol,  la persea habló de nuevo a la mujer y le dijo quien era.

Y la mujer le pidió al faraon que cortará las perseas e hiciera unos muebles con ella  pero, en el momento de cortarlas, una astilla se clavó en la tierra y se convirtió en un niño que le faraón adoptó y convirtió en su heredero.

Y un dia el faraón murió y su heredero llegó al trono. Y una vez allí hizo llamar a la mujer y a todos los funcionarios de la corte y entonces narró toda su historia, haciendo que la mujer fuera juzgada y castigada. Y así fue como Bata se convirtió en el faraón y Anup en su heredero. Y el reinado de Bata duró treinta años y después de él reinó Anup.

Esta narración ha llegado felizmente a su final.

 

El poder del bardo (2) 25 abril 2009

Filed under: Cuentos y leyendas — juntoalbosque @ 20:05
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Poco mas o menos que en la época en la que los milesios conquistaban Irlanda, en Africa, en la zona del Sudán existían cuatro poderosos reinos: Nubia, Etiopía, Kordofan y Darfur. El mas miro y poderoso era el de Kordofan, también conocido como el Nap de Napata, aunque la vida de su rey era corta y triste pues solo gobernaba durante un corto periodo al final del cual moría asesinado.

El momento del magnicidio era determinado por las observaciones astronómicas de los sacerdotes del reino, que noche tras noche hacian ofrendas y oraciones y aguardaban las señales.

Así llegó al trono el rey Akaf, quien debía ser quien acabará con la antigua costumbre y, segun se cree, tambien con el poder de Napata.

El rey debía decidir quien le acompañaría el dia de su muerte. Entre los elegidos: su propia hermana Sali y su esclavo favorito, Far-li-mas.  Sali fie elegida como la joven virgen que debía guardar el fuego sagrado junto con otro muchacho. No se tomó muy bien su elección. Fa-li-mas, que había llegado hace años desde lejanas tierras era muy conocido por sus dotes como narrador.

Aterrado por la idea de que su muerte estaba cada vez mas cercana, Akaf decidó evadirse con lso cuentos de Far-li-mas y cada noche convocaba a todos sus cortesanos a una nueva sesión en la que todos se olvidaban de beber, de respirar…se quedaban extasiados. La fama de Far-li-mas hizo que llegara a ser muy respetado y rico.

Un dia, Sali pidió a su hermano poder asistir a una sesión de cuentos. Nada mas verse, los dos se enamoraron, y Far-li-mas puso en practica sus artes para lograr quedarse a solas con ella. Con sus palabras hizo que todos se durimieran menos Sali. Y decidieron que no querían morir.

Sali fue a hablar con los sacerdotes y kes convenció de que escucharan lso cuentos de Far-li-mas. les retó a que mas grande que la escritura de Dios en el cielo era el don de este de contar cuentos. Los sacerdotes empezaron a acudir a las sesiones y un anoche tras otra, Farlima dormía a los asistentes y se quedaba a solas con sali. Pero lo peor fue que los sacerdotrs descuidaron sus obligaciones. Pronto se corrió el rumor entre la poblacion de que estos habían perdido el curso de las estrellas y la posición de la luna.

No sabían cuando debía apagarse el viejo fuego y encenderse el nuevo.

Los sacerdotes culparon a Farlimas y decidieron que debia morir. peor el rey les explicó como en su pensamiento primero se había revelado la certeza de la muert ey como después le vino a la mente Far-li-mas y como los relatos de este mitigaban su angustia. Pero lso sacerdotes insisten en que Far-li-mas debe morir y por fin deciden someter el asunto a Dios. Esa tarde, Far-li-mas desde un estrado, habló en la plaza frente a la multitud. Toda la noche habló y provocó encontrados sentimientos en lso corazones, que se enfrentaron entre ellos. Y a la mañana siguiente, los sacerdotes yacían muertos en el suelo.

La antigua costumbre había llegado a su fín y Akaf reinó hasta su vejez, siendo sucedido por Far-li-mas a su muerte. Napata alcanzó la culminación de su fortuna pero tambien su final, pues la envidia llevó a la guerra y la guerra a la destrucción.

“Y no quedó nada de los grandes días excepto el recuerdo de los cuentos de Far-li-mas, que había traido de su propio país oriental mas allá del mar”.

 

Los ciegos y el elefante 23 abril 2009

Filed under: Cuentos y leyendas — juntoalbosque @ 12:14
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No hay nada ccomo un ejemplo para que algo se entienda bien. Si quieres saber que es el relativismo aquí está esta conocida parábola recogida por el sufí persa del siglo XIII Rumí y que Joseph Cambbell relaciona con el budismo.

Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.

Cuanta sabiduria puede guardar una historia tan sencilla. Sería tan facil reconocer que solo vemos una parte del todo, que nuestros intereses pueden no ser los de los demás…